La unión entre Heladería y Pastelería

cierto que la Heladería moderna, tal y como estamos acostumbrados a verla hoy en día, empezó según la historia por manos de un pastelero siciliano, un tal Procopio de Coltelli, que, obsesionado por intentar vender sus cremas pasteleras, también durante la época de verano, pensó enfriarlas para que los clientes de alguna manera empezaran a consumirlas, aunque hiciese calor en la calle. Si entonces dejamos de considerar la heladería antigua, o sea la heladería de las nieves y los granizados, y tomamos en cuenta sólo la heladería de las cremas, es evidente que el helado moderno, nace y se desarrolla en el mundo, gracias a un pastelero y a su capacidad creativa. De hecho, la relación directa entre la heladería y la pastelería, siempre ha sido una realidad, y la heladería solo en los últimos 30 años se ha ido independizando, generando una técnica y una gama de productos diferentes de los que solían ser, los helados de los pasteleros, verdaderos iniciadores del arte del helado, tal y como se conoce actualmente. El helado para el pastelero era un producto más, dentro de su amplia gama de conocimientos, que reunía y reúne diferentes capacidades para elaborar diferentes productos; y entrando en un laboratorio de pastelería, uno se da cuenta enseguida, de cuantas afinidades hay entre los dos segmentos, y cuantas sinergias se puede establecer, para mejorar la calidad del helado artesanal, recuperando aquella metodología de trabajo, y aquellos perfumes que la pastelería le había concedido y que, de algunas maneras, la heladería fue olvidando durante todos estos años, sobre todo después de la invasión de los productos industriales. Ese puente entre la Pastelería y la Heladería resulta efectivamente muy eficaz e interesante, sobre todo si se valorizan realísticamente y profesionalmente todos los feed-back que genera y la enorme mejora que hay para el heladero, en relación a calidad-precio de sus productos y, sobre todo, al enorme ahorro que constituye prepararse en casa muchos de los productos, que actualmente el heladero suele comprar a los distribuidores de semielaborados. Es cierto que, recurriendo a técnicas de pastelería sencilla, y sin necesitar tampoco invertir en maquinaria compleja, el heladero puede aprender de un buen pastelero a preparar cremas saborizantes, veteados, siropes, pralinés, crocantes, gelatinas y una gama de elementos de decoración, para que el helado aparezca más bonito y más apetecible a la hora de ser adquirido por el consumidor. Es hora ya de que la pastelería y la heladería se rencuentren, y enlacen una amistad profunda, beneficiosa para todo el conjunto de los heladeros y de los productos de heladería. Es algo en lo que todos deberíamos trabajar y en lo que Gerogelato trabaja poco a poco.



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